lunes, 10 de noviembre de 2025

¿Qué estás leyendo mujer?

 


 AMISTAD

Dos amigos, Mariano Sigman y Jacobo Bergareche, se juntan para dar cabida a una gran aventura. Deciden escribir sobre la amistad y para escribir sobre ello recurren a los amigos. Alquilan una nave y convidan a un banquete a varias personas para ser entrevistadas acerca de esta importante relación y es así como surge este grandioso ensayo digno de ser leído.

    De su primer capítulo, El lenguaje de la amistad, llama mi atención la profundización que hacen sobre ese momento clave en que se enciende la chispa de la amistad, esa conexión y esa capacidad que nos brinda la naturaleza humana de poder adivinar lo que siente y piensa el amigo, sin haber intercambiado palabras. Me hizo recordar la manera en que conecto con mis amigas preferidas, con el simple hecho de leer la frase de un libro. Relata también este capítulo sobre un bullying silencioso e invisible, tremendamente doloroso, al referirse al sufrimiento de esa persona que no encuentran a nadie que quiera ser su amigo.

    De flechazos y rupturas trata el segundo capítulo y en este describen a aquellos amigos que no nos cayeron bien a primera vista o viceversa. Es interesante la manera que plantea los casos de personas que se consideran tu amiga, sin que tú los consideres como tal y es ahí donde se da la confusión con la amistad y el deseo de que esta exista. Como dicen sus autores, la amistad requiere tiempo y pruebas para consolidarse. Y es que, cómo textualmente lo señalan: “Poder confesar nuestras miserias, nuestros lugares más oscuros, las cosas de las que más dudamos, las que nos da tanto miedo que no podemos nombrarlas; para eso son necesarios los amigos, para hablar de aquello que no podemos hablar con nadie más” (p. 62). Cierra ese capítulo con el tema doloroso de la ruptura. Señalan que la amistad es una forma de amor, seguramente más pura que el amor, que así como existe el duelo aplicado a la muerte y a la ruptura amorosa, el fin de la amistad debería tener su propio nombre.

    Sobre la necesidad de superar cierta fricción en un camino compartido, es un tópico que se trata este ensayo. Retoma el tema de la asimetría entre los amigos, para referirse a aquellos con los que no tenemos muchas cosas en común; sin embargo, son nuestros amigos. Es sorprendente como en este apartado pone en evidencia al adulador, esa persona que te profesa una admiración exagerada, pero solo para extraer tus favores.

    Al referirse a la amistad, Sigman y Bergareche, plantean esta relación como una metáfora de tres pisos: tolerarse, aceptarse y extenderse. Y en este sentido, toman prestado la frase de Hugo de San Víctor quien dice: “el amigo que siente que puede tolerar al otro todavía es un principiante; el que descubre que pude aceptarlo íntegramente ya es fuerte, pero perfecto es quien entiende que puede crecer en las diferencias” (p.131).  

    Aunque me he extendido en esta reseña, no quiero cerrarla sin retomar el tema de la traición de un amigo y lo hago con la frase textual del libro que dice “La vida no es fácil tras haber sido traicionado, pero seguramente  sea mucho más difícil vivir siendo un traidor”. “No podemos elegir las traiciones que sufrimos, pero si elegir traicionar” (133).

    Me sentí fascinada con la manera en que abordan el tema del duelo cuando termina una amistad. Dicen que puede doler más que una ruptura amorosa, pues se pierde parte de uno, de la memoria, de la identidad.  “Todos esos amigos poseen un pedazo de nuestro yo que solo existe a través de ellos y que sin ellos se extingue” (p.160). “Muchas veces somos nosotros mismos los que queremos deshacernos de ese otro yo que custodia el amigo, porque nos lleva al reencuentro con un pasado que no nos es grato” (p.161). “La amistad es un espejo, y que a veces queremos, o tenemos, que romper el espejo en el que ya no nos queremos ver” (p.161).

   Finaliza el ensayo explicando la amistad como una necesidad de Ser y Estar, marcando claramente la diferencia en español de estos dos términos. En este sentido, afirman que el Ser es lo atemporal, lo que no depende de ninguna circunstancia, mientras que el Estar representa lo ocasional, lo que ocurre en un momento. Un hermano a veces es un amigo, pero un verdadero amigo siempre es un hermano.

    Sin duda alguna, este ensayo sobre la amistad es una verdadera joya que recomiendo leer para entender el verdadero significado de la amistad. Sus ponderaciones  nos permitirán acercarnos más a nuestros amigos auténticos y alejarnos de amistades que no son amistades. Su lectura es un gran viaje entre palabras, frases, personajes, anécdotas, reflexiones, desafíos a nuestras creencias… y mucho más.

 

 

 

 

 

lunes, 18 de agosto de 2025

 

¿Qué estás leyendo mujer?
Mujeres que compran flores



Hay cinco mujeres muy distintas y semejantes a la vez, con situaciones que superar en sus vidas y caminos trillados de decisiones por tomar. Cinco féminas que en principio solo tienen una cosa en común: comprar flores en la misma floristería; pero que el destino las unirá en una gran transformación existencial.

Sí, me enganché rápidamente en este libro y fue una lectura de corrido y con pocas pausas. Es una de esas novelas que te subyugan desde sus primeras líneas. Sus prosas sencillas y bien escritas se van tejiendo con simpleza y a la vez con maestría escritural única. No es una obra reciente, es del 2016; no obstante, las escenas pasan por tu vista con tanta contemporaneidad como una serie actual de esas que te proyectan los canales de streaming.

A modo de radiografía se entretejen en su trama varios tipos de mujeres. Dentro de estas descubrimos a la superwoman, aquella que como hormiga trabajadora lleva la carga a cuesta en  sus espaldas. “La puede con TODO”. Busca los hijos en el colegio, prepara comida para la familia, atiende la casa, tiene un trabajo y espera la tranquilidad de la noche, cuando todos descansan, menos ella, para sacar adelante tareas de la oficina. Ha decidido “ser la mejor madre, la mejor profesional, la mejor compañera, la mejor hija, la mejor nuera…” (p. 99).

De acuerdo a la narrativa, una superwoman había sido diseñada con esmero por esas madres feministas, que lucharon por su libertad, pero que no pudieron conseguirla. “Son hijas de aquellas que solo lograron sus derechos sobre el papel y que han educado a sus hijas para ejecutarlos” (p. 134).

La bella sufriente es la eterna víctima; aquella del que todos abusan: de su dinero, su generosidad, su tiempo… Sabe que los demás se aprovechan  de ella, pero en vez de cambiar su estatus vive en modo constante de queja. Es una dependiente emocional y necesita motivos para sufrir y lo busca.

Por otro lado, se encuentra la copiloto, “dependiente eterna del marido, no hace nada sin su consentimiento y opera tan en modo automático que se pierde a sí misma para asumir la personalidad del conjugue. Lanza el mensaje constante “soy menos que un hombre”, yo sola no puedo, soy dependiente de ti y por eso me tienes que cuidar” (134-135).

Otros tipos de mujeres también se pasean por estas páginas, como la mujer sándwich, la abuela esclava, el síndrome de la mujer parasita, “una copiloto llevada la enésima potencia”; además, el síndrome de la casadita. Esta última, lejos de buscar su propia felicidad, es “una mujer como la de antes, su prioridad es seguir casada y tener hijo”,  para cumplir con el rol que la sociedad le ha asignado.

Te aseguro que no terminarás esta novela sin pillar a la mujer trofeo: la perfecta “para los especímenes de macho alfa: la mujer exitosa a la que hay que conquistar, pero para no permanecer jamás con ella, por miedo a esa temible arma que guardan en el bolso: su independencia, y que podría utilizar para dejarlos cuando le diera la gana” (109).

Pero en estos personajes no solo encajan los perfiles de mujeres; los de los hombres no se quedan atrás hasta desfilar sin tapujos, ni reserva; y es así como podemos desenmascarar al hombre de goma, ese que nunca asume una relación en serio. Entra y sale de la vida de una mujer, cuando le viene en gana. Hace malabares por quedarse, cuando la mujer intenta irse, pero luego que cree que ya la aseguró vuelve a repetir sus acciones. Son hombres con miedo a sus propias capacidades de amar. “Si estos hombres supieran que por reconocer sus sentimientos en público o privado no pierden hombría, muy al contrario la ganan…” (p 314).

Describe su autora al hombre goma como “aquel que aparece en tu vida como suplicando que lo ames y luego inicia una manipulación basada en la intermitencia… Te hace ver que podría estar enamorado, espera a que seas tú quien le abra su corazón y, cuando caes, él se repliega. Ese es el más cruel y más efectivo método de enganche” (194-195). En otro renglón, está el hombre omnipotente el que se cree capaz de controlarlo todo y se siente responsable de la felicidad de la familia.

En fin, lejos de convertirse en una obra literaria simplona que describe a estos personajes, los actores se entrelazan en relaciones complejas entre ellos, que te permitirás desnudar a cada uno con sus escollos y vacilaciones. Sin dudas algunas, es una novela sobre mujeres valientes, que aman, que sufren; que, tal crisálida, se transforman, amándose a sí mismas y aprendiendo a volar con alas propias.

Son protagonistas de sus historias, que actúan por contagio sabiendo que en las fuerzas de las demás verán emerger las suyas propias. Es una novela que recomiendo a todas las mujeres, porque después de todo, o nos sentimos identificadas con uno de estos personajes o, en el fondo somos un poco de cada una de ellas; mujeres que hemos sorteado adversidades para resurgir como sabias mariposas.

 

domingo, 22 de junio de 2025

 

¿Qué estás leyendo mujer?


Cuando las ganas de comentar el libro no espera a su final

Comento los libros que me atrapan. Mis comentarios no afloran con la publicación de mis opiniones. Inician en el mismo momento en que comienzo a leer y voy subrayando cada idea que me emocionan. Escribiendo frases del texto voy estableciendo un diálogo con su autor y la manera de plantear sus posturas; pero espero paciente su final para escribir y publicar sobre lo que he leído.

Sin embargo, La generación ansiosa, ha puesto mi cabeza en un vilo. Me ha inquietado hasta la saciedad y se van tejiendo en mi cerebro cuadros comparativos, imágenes, ideas, planificaciones, clases por dar… Definitivamente es  un libro que me ha puesto a pensar.

Dos apartados de la segunda parte me han estremecido y son los culpables de mis sinsabores. El primero, Qué necesitan hacer los niños en la infancia y el segundo El modo de descubrimiento y la necesidad del juego con riesgos. Si mi cabeza se llena de preocupaciones cada vez que veo a una madre entregar a un niño pequeño un celular para jugar o cuando ella misma habla con sus hijos sin mirarles a la cara porque atiende su dispositivo, la lectura de estas páginas me ha llevado a sentir pánico de lo que estamos haciendo con la futura generación. De manera científica y basada en estudios, Jonathan Haidt demuestra el daño que los dispositivos hacen al cerebro de un niño.

“El juego es el trabajo de la infancia”. No se tiene certeza a quién pertenece esta frase, si a Jean Piaget o a María Montessori. Pero sí se sabe que el juego al aire libre debe ser mandatorio en la infancia, pues configura el cerebro del niño. También que el juego físico, con cierto grado de riesgo, es esencial porque enseña al niño a cuidar de sí mismo y de los demás. El uso del celular no le proporciona estas habilidades.

Destaca Haidt que el juego no supervisado es la clave para el desarrollo emocional de los niños, les enseña a tolerar los moretones, a gestionar sus emociones, a interpretar las emociones de otros niños, a respetar los turnos, a resolver conflictos y a jugar limpio. Darle un celular es privar a los niños de una infancia y adentrarlos a un mundo de adultos para el que no están preparados. Con el celular es difícil hacerse daños físicos, por lo que los niños no aprenden mucho sobre cómo no lastimarse. El autor hace bastante énfasis en una infancia basada en juego y esto quiere decir que se les debe proporcionar a los niños mucho tiempo para jugar al aire libre con amigos en un mundo real.

Los niños conectan con los adultos a través de las miradas, gestos, en conversaciones con ellos. Los niños aprenden a interpretar las expresiones faciales y las emociones del otro. Cuando su cabeza está baja, mirando la pantalla, no hay punto de conexión, no hay forma de leer la mente de los otros, ni mucho menos ponerse en lugar de los demás. Haidt se atreve a señalar que las nuevas tecnologías ya llevan mucho tiempo distrayendo a los padres de sus hijos y que los dispositivos son eficaces para interferir en el vínculo entre ambos.

Estas páginas se quedan cortas para la cantidad de ideas relevantes que se plantean en estos apartados. Sin embargo, no debe cerrarse este comentario sin abordar la relevancia que tiene que los niños configuren su cerebro mediante el descubrimiento. Y es que una infancia basada en el juego es el modo natural que tienen los niños para configurar su cerebro que tiende enriquecerse con el descubrimiento, pero si esa infancia está basada en el uso del celular estos niños estarían siempre en modo defensa. Los niños “necesitan pasar mucho tiempo en modo descubrimiento, porque es ahí donde tiene lugar el aprendizaje y el ajuste emocional” (113).

Los niños no se convierten en adultos plenamente capaces por sí solos, necesitan de personas mayores para guiarlos. Una vez que los teléfonos celulares entran en sus vidas, estos dispositivos tienden a desplazar o reducir significativamente las experiencias de actividades al aire libre que son cruciales para el desarrollo cerebral sano y para convertirse en adultos equilibrados. “Un desarrollo sano del cerebro depende de que se tengan las experiencias correctas a la edad correcta y en el orden correcto” (p.80).  

 



domingo, 20 de abril de 2025

 

¿Qué estás leyendo mujer?

El poder del arrepentimiento

                                        
                                                                                                           https://www.danpink.com/books/

Ya lo había dicho en otra ocasión: a veces los libros me encuentran. Este se asomó de repente en ese justo instante en que iba de visita casual a la librería para ganar tiempo antes de ir una cena de cumpleaños. En ese momento hacía 2 días, 8 horas, 36 minutos y 45 segundos que había hecho algo de la cual me sentía profundamente arrepentida. ¿Cuál fue la acción? No viene al caso contarla aquí. 

Ese día el libro se posó frente a mis ojos para traer el mensaje que necesitaba en ese momento. Los arrepentimientos están ahí como salvavidas que nos permiten seguir avanzando en el mar revuelto de nuestras afrentas. En su escrito el autor reivindica el arrepentimiento como un sentimiento indispensable que puede ayudar al ser humano a tomar mejores decisiones de cara al futuro y darle sentido a la vida. Destaca, también, que el arrepentimiento nos hace mejores porque ayuda a agudizar nuestra capacidad de decisión,  aumenta nuestro rendimiento en una serie de tareas  y puede reforzar nuestro sentido de propósito y nuestra conexión con los demás.

De manera magistral, Daniel H. Pink nos ofrece una panorámica mirada hacia los cuatro principales tipos de  arrepentimiento. El primero es el de base, y son aquellos arrepentimientos que hacen que el sistema de vida se tambalee y que el futuro pueda ser diferente por malas decisiones que se tomaron en relación a la salud, los estudios, uniones de parejas o a las finanzas. Por ejemplo, no ahorrar lo suficiente cuando tuvimos muchas entradas económicas y sufrir luego las consecuencias. No cursar la carrera profesional que quisimos. No cuidar lo suficiente la salud en la juventud, para lamentarlo luego en el futuro inmediato.

El arrepentimiento de audacia tiene que ver con las decisiones que no tomamos, oportunidades perdidas por inacción (falta de una acción determinada). No le dije a esa persona lo mucho que le quería y ahora ya partió a otra vida.  O quedarse callado en un acto de injusticia, cuando se puede asumir otra postura.

Por otro lado, están los arrepentimientos morales, que tienen que ver con actuaciones que comprometen la creencia, bondad o la ética. Y por último, los arrepentimientos de conexión, que surgen cuando descuidamos a una persona con la cual teníamos  un lazo estrecho. Este tipo de arrepentimiento genera ese sentimiento de pérdida permanente.

Apoyado en estudios e investigaciones neurocientíficas que permiten entender con mayor nivel de profundidad cómo afecta el arrepentimiento, en este libro, Pink no solo describe los diversos tipos  arrepentimientos existentes, sino que ofrece pautas para tomar decisiones que posibiliten convivir con este sentimiento y salir adelante. El documento contiene una gran variedad de citas de personas que dan cuentan de las acciones de las cuales se arrepienten, palabras que permiten generar la empatía necesaria.

El arrepentimiento no harán que cambien las acciones hechas, pero pueden contribuir a hacernos sentir mejores personas y a generar el perdón que pueden  brindarnos los demás y nosotros mismos. Lejos de odiar este tipo de emoción, el libro nos enseña a aceptarla y es que tal como lo señala su autor: “El arrepentimiento es valioso. Esclarece. Enseña. El arrepentimiento genuino, no tiene por qué hundirnos, sino que nos eleva” (p.31).  

martes, 25 de febrero de 2025

 

Ayuno de Redes Sociales

Sí, me atreví a hacerlo.

https://images.app.goo.gl/2LtD3dfEQFfvEzGz6

Ayer cumplí un mes sin hacer uso de redes sociales; solo el WhatsApp y por las obligaciones laborales. Por esta misma vía, ofrecí algunos saludos imprescindibles y a personas cercanas de verdad. Nunca antes me había sentido tan libre y productiva.

Gracias a Dios, la vida de otros en redes sociales no me quita el sueño. Llegué a una edad y a una etapa de la vida en la que me siento altamente agradecida, satisfecha y en disfrute pleno de todo lo que tengo; por eso lo que hagan los demás me tiene sin cuidado. No me deprime ver personas felices, con dinero, cenando en lugares costosos y viajando, porque me doy muchos de estos caprichos, aunque no los publique. Y si yo no hiciera lo mismo, tampoco me importaría. Sin embargo, debo reconocer que dedicaba varios minutos al día, viendo los éxitos de los demás  a través de sus publicaciones. 

Subir una foto en mi estado, me demandaba ver lo que subían los demás. Entrar a un red para ver el video que envió alguien por WhatsApp, me sometía a ver otros mensajes más en esa segunda red. Finalmente terminaba robándole hasta 30 minutos  a tareas más importantes.

Sí, me atreví a desafiar los presagios de que las redes te dominan y vencer las trampas que llegaban a cada momento. Con dos días de abstinencia, las notificaciones en una de mis redes se intensificaron: “tiene 99 mensajes que no has visto…" pero esto no impidió cumplir mi meta.

Alguien se preguntará ¿y qué con eso? Para mí los resultados positivos fueron inmediatos. Mayor nivel de productividad. Dos libros leídos en una semana, tres propuestas de proyectos de investigación y una de innovación, un listado de ideas creativas para mis clases, menos estrés, más descanso, mayor conexión conmigo misma y con los demás. Aunque no tengo pruebas científicas que esto lo provocó el ayuno de redes sociales, quiero pensar que para mí funcionó así, por lo que podría repetirlo varias veces.

Así que cuando vean que no he comentado sus estados, no he dado el ansiado likes a sus imágenes, no he aceptado la nueva invitación de amistad enviada y no he publicado mis escritos; no es nada personal, simplemente estaba en ayuno de redes sociales. Tal vez esta publicación de ahora solo sea una tregua.

martes, 4 de febrero de 2025

Amores que llegan tarde

Hay amores que llegan tardíos y no por ello dejan de ser apasionantes y al mismo tiempo tiernos. Y es que no siempre los enamoramientos surgen a primera vista. Puedes conocerlos antes, contemplarlos de lejos, sin saber que se convertirán en futuras pasiones.

Hay amores que vienen después de mucho tiempo. Llegan, se instalan, te abrazan y te subyugan con las caricias de sus palabras; hasta convertirse en amores eternos.

Eso es lo que pasa muchas veces con algunos libros. Te lo han recomendado hace millones de años (yo y mis exageraciones); pero no te has acercado a ellos. Te coquetean, sientes la inclinación enorme de comprarlos, pero se escabullen como quienes no quieren ser encontrados. Sin embargo, le llega su turno; se aparecen en la estantería de una librería cualquiera cuando no los estás buscando, cuando hurgas en otros títulos.

Eso ocurrió con Mi planta de naranja – lima. Lo compré, lo guardé y lo tomé ese día en que haría un largo turno en un consultorio médico por cita de mi madre, sabiendo que haría su lectura de un solo zarpazo.

La descripción de la pobreza en las palabras del niño Zezé, de casi seis años, tiene un matiz muy distinto. La incomprensión de las actitudes de las personas del mundo que le rodea cobra otro significado.  Zezé justifica sus travesuras, propias de su edad, por el diablo que lleva dentro; por lo menos eso le han hecho creer. Y tú como lector lo creerías si escuchas solo la versión de los vecinos pendencieros. Pero, cuando lo conoces de cerca y escucha su voz, sabrás con certeza de que Zezé es una sensible criatura, que te hace comprender la vida de otra manera.

Sufrir del dolor a una magnitud tan transcendental a esa corta edad, hace huir despavorida  la inocencia y obliga la entrada de la edad de la razón (adultez) de forma violenta y abrupta.

En esta obra se erige con fuerza la ternura, la sabiduría y profundidad de un niño precoz que narra con una perfección increíble las vicisitudes de una vida nada perfecta; por encima de la cruda historia de una familia tiranizada por el sufrimiento provocado por un padre sin empleo y una madre cansada y adolorida de trabajar por ser la única proveedora económica del hogar. Una familia martirizada por la existencia de hermanos también afectados por la privación persistente de dinero y comida.

Las emociones se imponen en el trayecto de cada página y se entrecruzan las ganas de reír y las ganas de llorar con tal ímpetu, que por momento no sabe cuál de las dos emociones subyugará a la otra. Su autor, José Mauro de Vasconcelos, se adueña de un lenguaje cargado de picardía, nostalgia, rico en vocablos; sin más pretensiones que la de transmitir los sentimientos genuinos de sus personajes.

Sin duda alguna, Mi planta de Naranja – lima quedará en mis recuerdos como una de las mejores obras literarias que haya leído. Posiblemente me sobreponga a la tristeza de algunas de sus páginas y saque fuerzas en las risas ocasionadas por algunas de sus líneas, para realizar una segunda lectura; porque después de todo, hay que dejar aflorar todas las emociones que solo te traen la llegada de grandes amores  como este.