¿Qué estás leyendo mujer?
Mujeres
que compran flores
Hay
cinco mujeres muy distintas y semejantes a la vez, con situaciones que superar en
sus vidas y caminos trillados de decisiones por tomar. Cinco féminas que en
principio solo tienen una cosa en común: comprar flores en la misma floristería;
pero que el destino las unirá en una gran transformación existencial.
Sí,
me enganché rápidamente en este libro y fue una lectura de corrido y con pocas
pausas. Es una de esas novelas que te subyugan desde sus primeras líneas. Sus
prosas sencillas y bien escritas se van tejiendo con simpleza y a la vez con
maestría escritural única. No es una obra reciente, es del 2016; no obstante,
las escenas pasan por tu vista con tanta contemporaneidad como una serie actual de esas que te proyectan los canales de streaming.
A
modo de radiografía se entretejen en su trama varios tipos de mujeres. Dentro
de estas descubrimos a la superwoman, aquella que como hormiga trabajadora
lleva la carga a cuesta en sus espaldas.
“La puede con TODO”. Busca los hijos en el colegio, prepara comida para la
familia, atiende la casa, tiene un trabajo y espera la tranquilidad de la
noche, cuando todos descansan, menos ella, para sacar adelante tareas de la
oficina. Ha decidido “ser la mejor madre, la mejor profesional, la mejor
compañera, la mejor hija, la mejor nuera…” (p. 99).
De
acuerdo a la narrativa, una superwoman había sido diseñada con esmero por esas
madres feministas, que lucharon por su libertad, pero que no pudieron
conseguirla. “Son hijas de aquellas que solo lograron sus derechos sobre el
papel y que han educado a sus hijas para ejecutarlos” (p. 134).
La
bella sufriente es la eterna víctima; aquella del que todos abusan: de su
dinero, su generosidad, su tiempo… Sabe que los demás se aprovechan de ella, pero en vez de cambiar su estatus
vive en modo constante de queja. Es una dependiente emocional y necesita
motivos para sufrir y lo busca.
Por
otro lado, se encuentra la copiloto, “dependiente eterna del marido, no hace
nada sin su consentimiento y opera tan en modo automático que se pierde a sí
misma para asumir la personalidad del conjugue. Lanza el mensaje constante “soy
menos que un hombre”, yo sola no puedo, soy dependiente de ti y por eso me
tienes que cuidar” (134-135).
Otros
tipos de mujeres también se pasean por estas páginas, como la mujer sándwich,
la abuela esclava, el síndrome de la mujer parasita, “una copiloto llevada la
enésima potencia”; además, el síndrome de la casadita. Esta última, lejos de
buscar su propia felicidad, es “una mujer como la de antes, su prioridad es seguir
casada y tener hijo”, para cumplir con
el rol que la sociedad le ha asignado.
Te
aseguro que no terminarás esta novela sin pillar a la mujer trofeo: la perfecta
“para los especímenes de macho alfa: la mujer exitosa a la que hay que conquistar,
pero para no permanecer jamás con ella, por miedo a esa temible arma que guardan
en el bolso: su independencia, y que podría utilizar para dejarlos cuando le diera
la gana” (109).
Pero
en estos personajes no solo encajan los perfiles de mujeres; los de los hombres
no se quedan atrás hasta desfilar sin tapujos, ni reserva; y es así como podemos
desenmascarar al hombre de goma, ese que nunca asume una relación en serio. Entra
y sale de la vida de una mujer, cuando le viene en gana. Hace malabares por
quedarse, cuando la mujer intenta irse, pero luego que cree que ya la aseguró
vuelve a repetir sus acciones. Son hombres con miedo a sus propias capacidades
de amar. “Si estos hombres supieran que por reconocer sus sentimientos en
público o privado no pierden hombría, muy al contrario la ganan…” (p 314).
Describe
su autora al hombre goma como “aquel que aparece en tu vida como suplicando que
lo ames y luego inicia una manipulación basada en la intermitencia… Te hace ver
que podría estar enamorado, espera a que seas tú quien le abra su corazón y,
cuando caes, él se repliega. Ese es el más cruel y más efectivo método de enganche”
(194-195). En otro renglón, está el hombre omnipotente el que se cree capaz de
controlarlo todo y se siente responsable de la felicidad de la familia.
En
fin, lejos de convertirse en una obra literaria simplona que describe a estos
personajes, los actores se entrelazan en relaciones complejas entre ellos, que
te permitirás desnudar a cada uno con sus escollos y vacilaciones. Sin dudas
algunas, es una novela sobre mujeres valientes, que aman, que sufren; que, tal
crisálida, se transforman, amándose a sí mismas y aprendiendo a volar con alas
propias.
Son
protagonistas de sus historias, que actúan por contagio sabiendo que en las
fuerzas de las demás verán emerger las suyas propias. Es una novela que
recomiendo a todas las mujeres, porque después de todo, o nos sentimos identificadas
con uno de estos personajes o, en el fondo somos un poco de cada una de ellas; mujeres
que hemos sorteado adversidades para resurgir como sabias mariposas.

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