lunes, 18 de agosto de 2025

 

¿Qué estás leyendo mujer?
Mujeres que compran flores



Hay cinco mujeres muy distintas y semejantes a la vez, con situaciones que superar en sus vidas y caminos trillados de decisiones por tomar. Cinco féminas que en principio solo tienen una cosa en común: comprar flores en la misma floristería; pero que el destino las unirá en una gran transformación existencial.

Sí, me enganché rápidamente en este libro y fue una lectura de corrido y con pocas pausas. Es una de esas novelas que te subyugan desde sus primeras líneas. Sus prosas sencillas y bien escritas se van tejiendo con simpleza y a la vez con maestría escritural única. No es una obra reciente, es del 2016; no obstante, las escenas pasan por tu vista con tanta contemporaneidad como una serie actual de esas que te proyectan los canales de streaming.

A modo de radiografía se entretejen en su trama varios tipos de mujeres. Dentro de estas descubrimos a la superwoman, aquella que como hormiga trabajadora lleva la carga a cuesta en  sus espaldas. “La puede con TODO”. Busca los hijos en el colegio, prepara comida para la familia, atiende la casa, tiene un trabajo y espera la tranquilidad de la noche, cuando todos descansan, menos ella, para sacar adelante tareas de la oficina. Ha decidido “ser la mejor madre, la mejor profesional, la mejor compañera, la mejor hija, la mejor nuera…” (p. 99).

De acuerdo a la narrativa, una superwoman había sido diseñada con esmero por esas madres feministas, que lucharon por su libertad, pero que no pudieron conseguirla. “Son hijas de aquellas que solo lograron sus derechos sobre el papel y que han educado a sus hijas para ejecutarlos” (p. 134).

La bella sufriente es la eterna víctima; aquella del que todos abusan: de su dinero, su generosidad, su tiempo… Sabe que los demás se aprovechan  de ella, pero en vez de cambiar su estatus vive en modo constante de queja. Es una dependiente emocional y necesita motivos para sufrir y lo busca.

Por otro lado, se encuentra la copiloto, “dependiente eterna del marido, no hace nada sin su consentimiento y opera tan en modo automático que se pierde a sí misma para asumir la personalidad del conjugue. Lanza el mensaje constante “soy menos que un hombre”, yo sola no puedo, soy dependiente de ti y por eso me tienes que cuidar” (134-135).

Otros tipos de mujeres también se pasean por estas páginas, como la mujer sándwich, la abuela esclava, el síndrome de la mujer parasita, “una copiloto llevada la enésima potencia”; además, el síndrome de la casadita. Esta última, lejos de buscar su propia felicidad, es “una mujer como la de antes, su prioridad es seguir casada y tener hijo”,  para cumplir con el rol que la sociedad le ha asignado.

Te aseguro que no terminarás esta novela sin pillar a la mujer trofeo: la perfecta “para los especímenes de macho alfa: la mujer exitosa a la que hay que conquistar, pero para no permanecer jamás con ella, por miedo a esa temible arma que guardan en el bolso: su independencia, y que podría utilizar para dejarlos cuando le diera la gana” (109).

Pero en estos personajes no solo encajan los perfiles de mujeres; los de los hombres no se quedan atrás hasta desfilar sin tapujos, ni reserva; y es así como podemos desenmascarar al hombre de goma, ese que nunca asume una relación en serio. Entra y sale de la vida de una mujer, cuando le viene en gana. Hace malabares por quedarse, cuando la mujer intenta irse, pero luego que cree que ya la aseguró vuelve a repetir sus acciones. Son hombres con miedo a sus propias capacidades de amar. “Si estos hombres supieran que por reconocer sus sentimientos en público o privado no pierden hombría, muy al contrario la ganan…” (p 314).

Describe su autora al hombre goma como “aquel que aparece en tu vida como suplicando que lo ames y luego inicia una manipulación basada en la intermitencia… Te hace ver que podría estar enamorado, espera a que seas tú quien le abra su corazón y, cuando caes, él se repliega. Ese es el más cruel y más efectivo método de enganche” (194-195). En otro renglón, está el hombre omnipotente el que se cree capaz de controlarlo todo y se siente responsable de la felicidad de la familia.

En fin, lejos de convertirse en una obra literaria simplona que describe a estos personajes, los actores se entrelazan en relaciones complejas entre ellos, que te permitirás desnudar a cada uno con sus escollos y vacilaciones. Sin dudas algunas, es una novela sobre mujeres valientes, que aman, que sufren; que, tal crisálida, se transforman, amándose a sí mismas y aprendiendo a volar con alas propias.

Son protagonistas de sus historias, que actúan por contagio sabiendo que en las fuerzas de las demás verán emerger las suyas propias. Es una novela que recomiendo a todas las mujeres, porque después de todo, o nos sentimos identificadas con uno de estos personajes o, en el fondo somos un poco de cada una de ellas; mujeres que hemos sorteado adversidades para resurgir como sabias mariposas.

 

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