Amores que llegan tarde
Hay amores que llegan tardíos y no por ello dejan de ser
apasionantes y al mismo tiempo tiernos. Y es que no siempre los enamoramientos surgen a
primera vista. Puedes conocerlos antes, contemplarlos de lejos, sin saber que
se convertirán en futuras pasiones.
Hay amores que vienen después de mucho tiempo. Llegan,
se instalan, te abrazan y te subyugan con las caricias de sus palabras; hasta
convertirse en amores eternos.
Eso es lo que pasa muchas veces con algunos libros. Te lo han recomendado hace millones de años (yo y mis exageraciones); pero no te has acercado a ellos. Te coquetean, sientes la inclinación enorme de comprarlos, pero se escabullen como quienes no quieren ser encontrados. Sin embargo, le llega su turno; se aparecen en la estantería de una librería cualquiera cuando no los estás buscando, cuando hurgas en otros títulos.
Eso ocurrió con Mi planta de naranja – lima. Lo
compré, lo guardé y lo tomé ese día en que haría un largo turno en un
consultorio médico por cita de mi madre, sabiendo que haría su lectura de un
solo zarpazo.
La descripción de la pobreza en las palabras del niño Zezé, de
casi seis años, tiene un matiz muy distinto. La incomprensión de las
actitudes de las personas del mundo que le rodea cobra otro significado. Zezé justifica sus travesuras, propias de su
edad, por el diablo que lleva dentro; por lo menos eso le han hecho creer.
Y tú como lector lo creerías si escuchas solo la versión de los vecinos
pendencieros. Pero, cuando lo conoces de cerca y escucha su voz, sabrás
con certeza de que Zezé es una sensible criatura, que te hace comprender la
vida de otra manera.
Sufrir del dolor a una magnitud tan transcendental a esa corta
edad, hace huir despavorida la inocencia y obliga la entrada de la edad de la
razón (adultez) de forma violenta y abrupta.
En esta obra se erige con fuerza la ternura, la sabiduría y
profundidad de un niño precoz que narra con una perfección increíble las
vicisitudes de una vida nada perfecta; por encima de la cruda
historia de una familia tiranizada por el sufrimiento provocado por un padre
sin empleo y una madre cansada y adolorida de trabajar por ser la
única proveedora económica del hogar. Una familia martirizada por la
existencia de hermanos también afectados por la privación persistente de dinero
y comida.
Las emociones se imponen en el trayecto de cada página y se
entrecruzan las ganas de reír y las ganas de llorar con tal ímpetu, que por
momento no sabe cuál de las dos emociones subyugará a la otra. Su autor, José Mauro de Vasconcelos, se adueña de un
lenguaje cargado de picardía, nostalgia, rico en vocablos; sin más pretensiones
que la de transmitir los sentimientos genuinos de sus personajes.
Sin duda alguna, Mi planta de Naranja – lima quedará
en mis recuerdos como una de las mejores obras literarias que haya leído.
Posiblemente me sobreponga a la tristeza de algunas de sus páginas y saque
fuerzas en las risas ocasionadas por algunas de sus líneas, para
realizar una segunda lectura; porque después de todo, hay que dejar aflorar todas
las emociones que solo te traen la llegada de grandes amores como este.

No hay comentarios:
Publicar un comentario