Tengo muchos compañeros de
trabajos, algunos que otros amigos; pero cómplices de lectura poquísimos.
Lejos de dejarnos adentrar hacia
el significado negativo de la palabra cómplice, la quiero resaltar aquí como
positiva. Ser cómplice es esa manera de hacer hazañas comunes junto a otro y en
este caso tienen que ver con los libros.
Mis queridos cómplices a veces
tienen gustos parecidos a los míos, otras veces no. Pero algo que si tenemos en
común es que amamos los libros y disfrutamos leerlos.
Con mis cómplices puedo estar larguísimas
horas hablando del último libro que estamos leyendo, de la nueva obra
adquirida, de la próxima que queremos comprar…
Mis cómplices de lectura están
ahí, siempre listos para el coloquio. Cada uno tiene su “algo especial”. Una de
ellos me actualiza sobre las novedades, otro me pone al tanto de la saga del
momento…
A veces he querido hacer cómplices
a otras personas, pero no observo en ellas la misma pasión e interés cuando
comparto entusiasmada la última idea revelada en un texto.
De todas mis cómplices la más cercana
es una amiga especial con la cual el nivel de complicidad es tan grande que nos
descubrimos a cada momento subrayando las mismas
oraciones y párrafos, a pesar de la distancia. Tenemos gustos definidos por los temas de lectura y en la mayoría no coincidimos, pero cuando lo hacemos la conexión es total. Envío y recibo las
imágenes de los textos marcados y nos encontramos con nosotras mismas a cada instante.
Leo párrafos en la que la descubro y ella
lee metáforas e ideas que me desvelan sin tapujos. Entonces como un mandato divino
ella me compra y envía el libro donde me redescubrió y yo repito la misma hazaña.
La verdad es que tengo mis cómplices
de lectura y sin ellos leer nunca sería igual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario