jueves, 4 de agosto de 2022

La felicidad en el trabajo ¿quimera o realidad?

     


Hace muchos años un gran amigo me dijo que yo era una mujer afortunada, “trabajaba y disfrutaba de mi trabajo”. En aquel tiempo me desenvolvía en dos áreas profesionales al mismo tiempo: el periodismo y la docencia. Me regocijaba con creces cada vez que investigaba y escribía mis reportajes. Me la pasaba en grande cuando preparaba mis clases y me sumergía en cada encuentro a explorar conocimientos con mis estudiantes.

    Creo en la felicidad laboral y en la emoción que puede traerte cada tarea realizada.  Recuerdo con alegría las visualizaciones que hacía con cada planificación, imaginándome cómo se desarrollarían las actividades y cómo en muchas ocasiones, la realidad superaba el sueño. Añoro los años cuando, en los libros, buscaba con ansias mil maneras de contarles a los lectores los últimos hallazgos sobre un tema en particular. Eran los tiempos en que la Internet no era tan veloz y las informaciones en los periódicos impresos eran todavía primicias.

    Experimenté la felicidad laboral. Quizás sea esta la razón por la que me niego a aceptar como una "Normalidad" el hecho de que tenga que sufrir para hacer quedar bien a una institución. Aunque la felicidad es un estado personal, los espacios de trabajo pudieran, de vez en cuando, dar una mirada para tener la certeza de qué tan felices somos quienes damos el Todo por ella.

    Mi amigo tenía razón, “era una mujer afortunada”. Trabajaba en dos carreras que me gustaban y a las que sigo amando con pasión.  Había elegido bien mis profesiones y había elegido bien los lugares para ejercerlas. Me sentía feliz. Lástima, que en ese tiempo no estaba consciente de lo mucho que lo era.