lunes, 7 de octubre de 2019

EL VIAJE




Sin rumbo, a ninguna parte, hay momentos en que dan deseos de emprender el viaje. Tomar el tren que quién sabe a dónde conduce y dejar detrás tanta desazón. Si se pudiera agarrar las vías de otros destinos más promisorios, ¿qué yo no haría?


Quien pudiera subirse al tren y dejar de lado la inequidad, injusticia, ausencia de oportunidad para todos, discriminación, corrupción, desamor, ignorancia, resignación, violencia…


Subir y mirar desde lejos sin sentirse tocado por la inmundicia que socava nuestro alrededor. Evasión a la realidad, dirán algunos; cansancio para luchar, dirán otros; deseos de escapar… quién sabes qué más.


Quien no quisiera tomar el tren vacío de las más crudas debilidades humanas. Pero mis rodillas se entumecen, los pies ni se arrastran. Debo quedarme y luchar. El instinto me exige respeto. Mi naturaleza reclama a grito que es hora de batallar.


Lo veo partir y me convenzo que todavía no es el momento de subir a ese tren, no vaya a ser que tratando de escapar arrastre conmigo a todo ese lastre del que tanto huyo.